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5/1/10

Encargo

Llegue algo agitado a donde me habían llamado. Estaba huyendo de Anastazia, ¡¿Que acaso no se daba cuenta que no me interesaba?! Le escuche correr y llamarme por el gran pasillo así que decidí esconder tras una columna que sostenía el techo del templo de mármol decorado de una forma no tan ostentosa. Una vez que vi que Ana se había ido por otro lado, decidí salir y entrar por el arco del templo, luego de arreglarme un poco la camisa y tranquilizar mi respiración.

- Te esperábamos, Alex –dijo uno de los ancianos de larga barba blanca. El otro que estaba a su lado vestía con la misma túnica dorada pero con barba marrón –te queríamos decir algo muy importante -dijo mirando al otro

- Nuestro jefe... –puse los ojos en blanco, era ridículo llamarle así al Doc.- como decía -tosió "disimuladamente" llamando mi atención –Nuestro jefe te ha elegido para un encargo muy importante del cual solo te puedes encargar tu

- ¿Yo? ¿Por qué yo? –dije algo exaltado, jamás me había llamado para un "encargo", ya sabía por experiencia que esos "encargos" no eran de un día o horas, podían durar hasta años.

- Si a ti, porque sabemos que tienes las habilidades especiales para hacer este encargo

- Y no aceptamos un no por respuesta, lo vas a hacer quieras o no –dijo con un tono severo el de barba castaña.

- No me pueden obligar –me defendí a mí mismo, sabiendo que jamás iba a logar algo, estos ancianos podían atracar a veces…bueno, una a las quinientas, y sabia que la suerte no era una de mis habilidades.

Me fije en la mirada asesina de ambos ancianos, así que termine cediendo a regañadientes. Me contaron cual era mi encargo y ahí fue cuando me arrepentí más que nunca de haber aceptado aunque no me quedaba de otra.

- Iras a la tierra en 8 horas –dijo con un tono más alegre el que me había hablado molesto –tendrás un acompañante, tu puedes…

- ¡No!, recuerda lo que dijo el jefe, si el elegía era capaz de elegir a alguien que le ayudara a volver, o por lo menos eso vio su hija, la Srta. Kate –volví a poner los ojos en blanco cuando escuche su nombre, todos adoraban a esa niña, yo, la aborrecía. Aunque yo jamás la había visto.

- Ok, entonces te acompañara uno de mis estudiantes, el Sr. Nicolás le podría servir de ayuda y buena compañía.

- ¿El chico de que me estuvo hablando el otro día? –dijo el de barba blanca ignorándome por completo.

- Exacto, mi mejor estudiante, jamás había tenido uno como él.

Salí del templo con el humor por los suelos. Genial. A parte de que iría a la Tierra, iría con un cerebrito. ¿Que mas? ¿También me acompañaría la insoportable de Anastazia?

- Hablando del rey de Roma… –murmure

- ¿De quién hablas, cariño? – dijo con su voz melosa mientras se colgaba de mi brazo

- De nadie –dije amable, me la saque de encima lo más cuidadoso que pude para no ofenderla.

- ¿Por qué fuiste a ver a los ancianos? –dijo caminando a mi lado tratando de agarrar mi mano

- Un encargo –le conteste, ya que, tendría que decírselo a alguien, ¿no? –Me enviaran a…la Tierra –sus ojos se abrieron como platos.

- ¿T-te…v-vas? –dijo con la voz entrecortada – ¡No te puedes ir! –dijo al borde de las lagrimas, lo que me faltaba, se iba a poner a llorar –Yo…yo…tu eres especial para mi…yo… ¡no puedo dejarte ir! –volvió a repetir.

- No me queda de otra, era una obligación –Anastazia estallo en lagrimas. ¡Diablos! No soportaba a la gente llorando. Me acerque a ella, muy a mi pesar, y le pase un brazo por los hombros, tratando de tranquilizarla –tranquila, creo que volveré algún día, pero… –ella levanto su rostro lleno de lagrimas –ten en cuenta que yo… -me miro esperanzada, pero no era lo que yo quería lograr –yo solo te veo como una amiga –ni eso, dije para mis adentros. –lo siento

Ella volvió a estallar en llanto, pero luego se seco las lagrimas y me abrazo. Susurro algo en mi oído como un Te extrañe y mucho. Y se fue corriendo.

Trate de olvidar todo aquello. No quería ser malo ni nada por el estilo pero de verdad ella no me interesaba, ni ella ni ninguna chica. Camine directo a mi pabellón, traspasando los grandes jardines llenos de personas como yo, algunos hablando otros simplemente estudiando, así era en el campus de estudiantes. Llegue a mi pabellón, un edificio de paredes de piedra con ventanas de madera blanca y de tres pisos. Subí a mi cuarto luego de pasar por el hall de descanso en donde estaban la mayoría de los chicos que vivían ahí. Nadie se percato en que entre, bueno, sin ser presumido, un par de chicas se acercaron y yo las evadí olímpicamente. Al final estaba Anastazia, esperandome al lado de la puerta de mi habitacion. Me miro con una sonrisa, a pesar de que sus ojos estaban rojisimos e hinchados. Corriio y me abrazo, me dio un beso en la mejilla y se fue despidiendo con la mano, si una sola palabra. Le devolvi la sonrisa y entre. Revolvi entre mis cosas y meti algo de lo necesario en una maleta, este encargo iba a durar un buuuen tiempo....

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